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El garabato esperado
30, Agosto 2017
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Pasó el revuelo de su muerte. La nunca esperada. Pasaron las condolencias, los dolores, los homenajes. Hoy evoco a Rius, como al mejor maestro que tuvimos en la escuela secundaria.



En el año de 1990 o quizá un poco antes, nos hicimos (un grupo de imberbes) adictos a Rius; si al monero, Eduardo del Río, después de encontramos en la basura una colección inmensa de los Supermachos y los Agachados. Alguien (nunca supimos quien, ni por qué) había desechado las revistas que nuestros padres habían leído sobre San Garabato de las Tunas o Calzonzin Inspector antes que nosotros; alguien se había desecho de una riqueza invaluable, afirmamos años después. Y fue gracias a que el carro de la basura no pasó a tiempo, pudimos entrometernos en la vida del pueblucho aquel. Hoy lo agradezco.



Después de las revistas llegaron los libros: Pequeño Rius ilustrado, Hitler para masoquistas, Cuba libre /La trukulenta historia del kapitalismo, entre muchos otros que conseguíamos en librerías escondidas, en estantes olvidados de nuestros padres o que hurtamos de las bibliotecas empolvadas de nuestra secundaria y que nuestros profesores leyeron alguna vez, enarbolando la ideología abierta al pensamiento y al libre albedrio (¿Profe, lee a Rius? Si. ¡Es usted un comunista!). Así, y después muchos días de lectura, nos decidimos acercarnos a nuestro ídolo ilustrativo. Alguien de la bola de amigos propuso escribirle una carta; contactar al héroe de los trazos, de los garabatos, de la comicidad implícita en los monos. Y lo hicimos sin esperar nada a cambio.



Un día, reunidos en la casa de aquel amigo, en donde compartíamos las tardes, las revistas y los libros y desde donde mandamos la misiva, tocó a la puerta el cartero y nos entregó un sobre con toda la estampa de ser una carta. Sobre uno de sus costados, en donde debe estar el remitente, pudimos ver un garabato inconfundible para todos los reunidos aquel día. Plasmado por fuera pudimos leer: Rius.  Nuestro héroe acababa de contactarnos y nos decía que era un gusto que un grupo de jóvenes leyéramos y disfrutáramos sus historias ilustradas.



Ese día fue de algarabía, como en un pueblo llamado San Garabato de las Tunas. Festejamos como Chon Prieto, el beodo del pueblo. Nos sentíamos superiores, escuchados; nos sentimos retratados en su memoria.

 


Creo que nunca olvidaré ese gran momento de cuando Rius nos hizo ver que estábamos más cerca de él. Por eso su legado no necesita más emporios mediáticos más que el recuerdo; tan solo el recuerdo de sus garabatos; los que formaron una visión crítica, pedagógica y humorística de quien ahora escribe estas líneas; y por qué no decirlo: poco ortodoxa.



Twitter @EliudVelazquez
Facebook Eliud Velázquez Barba
Correo calamarespejo@hotmail.com

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