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FILOSOFIA DE CANTINA
19, Julio 2017
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Es impresionante constatar, cómo se magnifica el espectáculo del circo cuando los intereses dejan de ser sociales y se vuelven de facto.
 
 
El día de ayer pudimos seguir a través de distintas plataformas (televisión tradicional con sus notas refritas a través de distintos noticieros o bien en vivo y en directo desde Facebook Live, Periscope… entre otros) la llegada a México del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, y la caravana que lo llevó a enfrentar la ley hasta los juzgados federales en el Reclusorio Norte. 
 
 
 A lo largo del recorrido pudimos observar como la gente se arremolinaba frente a las fachadas de sus casas, en las aceras, en los largos corredores de avenidas y bulevares tan solo para ver pasar el convoy que llevaba a Javidú (como se le ha llamado en los últimos meses) y el enorme cuerpo de seguridad que lo protege (no sabemos si de si mismo o de sus múltiples ocurrencias verbales). Era difícil no darse cuenta que un buen “pez gordo” era vigilado en la pecera.
 
 
Cualquier parecido con el desfile que se protagoniza el 15 de septiembre, el 20 de noviembre o la peregrinación de algún santo de su localidad fue mera coincidencia; con la única diferencia de que las mentadas de madre, las rechiflas, los improperios y un sinfín de bellezas que solamente el mexicano tiene en la garganta, más aún en el corazón, salían al paso del carro alegórico de la ignominia (léase PGR) con tanta sinceridad que habría que poner atención a las ocurrencias sociales (gran termómetro es el “chinga tu madre” no hay otro mejor señores).
 
 
Me pregunto ¿realmente necesitábamos un vistoso escenario como éste para darnos cuenta del otro espectáculo que se gesta desde las leyes, desde quienes se encargan de interpretarla como un escenario donde los bufones salen a divertirnos? ¿Necesitábamos la primera audiencia fallida con pocas pruebas y mucha ineficacia gubernamental? Donde, casi, casi el ex gobernador, ya no es tan delincuente y si casi un santo como el que preside la peregrinación de su pueblo; el primer asomo de la injusticia con siglas de PGR (léase ignominia) ha hecho que el aparato de justicia de nuestro país y de quienes vigilan que se ejecute nos digan que no es cuestiones de aplicación de la leyes, si no de fe; bien dice la frase que “la primera audiencia nunca se olvida”.
 
 
Si, de creer a ciegas. La súbita fe que mueve la montaña cuando la desgracia nos opaca, es la que debe prevalecer en este proceso del hombre que llego un 15 de septiembre en pleno julio como festejo de libertad. Y nunca olviden que: “Paciencia, prudencia, verbal continencia… dominio de la ciencia, y presencia o ausencia, según conveniencia”…
 
 
Twitter @EliudVelazquez
Facebook Eliud Velázquez Barba
Correo [email protected]
 

 

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