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18, Mayo 2017
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Es muy difícil abordar un tema cuando éste te genera un nudo en la garganta y te provoca una sensación de impotencia, coraje y absoluta vulnerabilidad.

El asesinato de Javier Valdez ha sacudido conciencias y generado gran indignación no solo en los periodistas sinaloenses y de más allá de nuestras fronteras, sino en la sociedad en general.

Ese sentimiento aterrador que nos ha invadido a millones de mexicanos ha provocado también una reacción sin precedentes en personalidades, instituciones y gobiernos internacionales, que en unánime postura han reprobado el crimen, reclamado justicia, exigido un alto a la violencia y demandado protección a los comunicadores.

Como nunca la indignación y como siempre las reuniones y discursos oficiales, los anuncios de, ahora sí, protección a los periodistas para que desempeñen su trabajo. Esperemos que pese a parecer todo esto una respuesta igual, efectivamente haya resultados diferentes.

El presidente Enrique Peña Nieto hasta hizo suya la frase de batalla que se grita en la lucha de los comunicadores para desempeñar su labor en condiciones de mayor seguridad: “No se calla la verdad matando periodistas”, buscando empatía con el gremio agraviado y tratando de conectar con una realidad que le ha sido ajena. Pero eso no es suficiente porque las palabras deben traducirse en hechos concretos.

Ha sido larga la espera de esa reacción y mucho el tiempo que se ha perdido para la implementación de una política de gobierno convincente de respeto a la libre expresión y certeza en el desempeño de la labor periodística.

Desde hace años a través de sus muchas historias Javier venía plasmando sin respuesta contundente la crónica de su propia tragedia, la de muchos sin voz y la de quienes caerán si no se para esta monstruosa embestida violenta.  

Esa reacción no debió salirnos tan cara. No debió costarnos la vida de Javier, ni la de ningún otro periodista de los que han sido absurdamente sacrificados.

Porque, finalmente, como se dice, los periodistas solo hacemos el primer borrador de la historia. Lo que exigimos es que se nos dejen hacerlo, para que las próximas generaciones conozcan realmente lo que ha pasado y de esa forma puedan evitar cometer los mismos errores.

Nuestra solidaridad para la familia de mi admirado amigo Javier Valdez, para el gremio, y la exigencia permanente de justicia.


FACEBOOK Enrique Gutiérrez
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