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FILOSOFIA DE CANTINA
Naturalmente divididos
25, Enero 2017
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Querer detener el flujo de las aves que, con amplia envergadura, surcan los cielos mientras cae el atardecer sobre sus alas y emigran en un sentido meramente natural. Con ese vuelo que las lleva a buscar un mejor destino. Querer detener a las hormigas que rastrojean el suelo para después llevar sobre sus hombros una ración de comida para que el tiempo sea más lento. Querer detener la manada que cambia de rumbo, de origen, de sendero porque se sienten amenazados por el frío o el calor no es natural. No. No debe ser natural la red que amenaza lo que se extingue. No debe ser natural. No lo es.

 
En tiempos, parafraseando a Rodolfo “Fito” Páez, de todos contra todos, la fluidez debe ser lo natural; el cauce mismo de la vida que nos lleva a recorrer otros sitios. Que la manada llegue a donde tenga que llegar. Que el oficio de la hormiga sea recompensado con el próximo puerto o el más cercano rincón. Que todo esto en tiempos de Trump sea natural. Y lo digo con la conciencia de que lo natural, como lo es inmigrar, parece romper los esquemas del poder: la fluidez es la causa del mal, su mal. Detener algo frenéticamente (un muro sí que es frenético y desquiciado) es lo lógico para un tipo que ostenta el arma más letal: el poder. Porque ya, en su voz, suena natural, si, suena, se escucha normal. Pero ¿Cómo detener la inmigración cuando, por si sola, es natural, intrínseca del hombre y de la naturaleza? Nadie es estático. Todo tiene movimiento en su sangre misma. En su médula misma.
 
Las fronteras, lo hemos reconocido siempre, son la división del hombre por el hombre; es el mismo lobo que se come al hombre que cada día está más desprotegido de los que despliegan, tanto el poder económico, como el poder político. Fronteras existen desde siempre, pero no como las concibe el poder. Son todo lo contrario. Las fronteras abren la discusión, por que son imaginarias; complementan las diferencias por que son idealistas.
 
La pregunta es ¿Qué hacer ante la maldad cuando lleva sobre sus manos el poder de acabar con todo? ¿Qué hacer contra el dedo que acaricia el botón rojo de la destrucción? Trump no solamente es el muro. Tal vez es el mismo botón rojo que hemos esperado siempre para el inicio de la desolación.
 
¿Quién creo las fronteras? ¿Quién dividió este mundo?: ¿Algún dios medieval? ¿Las agencias de viajes? ¿El petróleo? ¿El dinero? Responda con el corazón en la mano mientras, naturalmente, nos dividen. Aquí, en este punto, es necesario detenerse por un instante y pensar en la catástrofe de volver a ser nosotros, a fluir entre nuestros propios ríos.
 
 
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Facebook Eliud Velázquez Barba
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