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FILOSOFIA DE CANTINA
El cuerpo fresco del adiós
30, Noviembre 2016
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La muerte de Fidel Castro Ruz es la revolución misma; un luto enorme pone triste los corazones y las lágrimas saltan hasta las mejillas como insalvables, como deseando no regresar jamás y creando un pequeño río de dolor que se acompasa a la imagen del guerrillero cubano en una pancarta, también enorme, como la ira en plena plaza central de Cuba.

 
La muerte de Fidel Castro es la revolución misma; las imágenes le dan la vuelta al mundo: jóvenes y no tan jóvenes, en su mayoría cubanos exiliados en las costas de Miami, que bailan al ritmo de la música en una danza que pareciera invocar a los mismos dioses de antaño; gritos que desgañitan las gargantas para darle paso a la cerveza, al alcohol, a la vida. Júbilo que contrasta con lo antes escrito en un sinónimo de la muerte. Con la dicha de saberse felices después de la muerte del guerrillero que en 1959 derrocara a Fulgencio Batista para escribir una historia nueva de su país.
 
La muerte de Fidel es la revolución misma; una buena parte del mundo la llora. Llora la ausencia del Comandante, del guerrillero, del barbón que supo contrarrestar la injuria del “Yanquismo” según sus propios criterios; pero otra parte le repudia un país en quiebra, una desdicha que se convirtió en un dragón y en muro (“Recuerdos vamos a recorrer y sonrisa que no puedo perder” cantaría la cubana Haydé Milanés en su canción En el muro del malecón y Carlos Varela nos adentraría en su cubanismo con Muro: “Sales a la calle y te vas al muro donde acaban todos, donde empieza el mar”); una desolación como sombra que cubre el mundo; una careta abierta a la desgracia que no cesa.
 
Eso era Fidel “El Caballo” Castro (como era conocido por su corpulencia). Países, ideólogos, posturas polarizadas ante su figura y ante su personalidad surgían a diario. Nunca dejó de arrastrar las dos vertientes (yo espero que la historia lo juzgue como debe ser y como él mismo lo espetó una y otra vez).
 
Pero ¿Qué hacer frente al júbilo de la muerte?, ¿Cómo enfrentar la alegría de saber que un cadáver es fresco y el frío no lo hace presa todavía?, ¿Cómo se juzga esa situación, y si es que se puede juzgar? Lo natural ante la muerte (creo) es llorarla. Si bien algunos pueblos indígenas en nuestro país y en Latinoamérica ven la muerte como una justificante de alegría, pero, un dejo de tristeza siempre está presenta. Hoy no. Dos polos: muerte-llanto y muerte-júbilo. No hay términos medios para el cuerpo fresco del adiós de Fidel Castro.
 
 
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Facebook Eliud Velázquez Barba
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