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FILOSOFIA DE CANTINA
06, Octubre 2016
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?Desde la inquisitiva privación de la vida un 2 de octubre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas, el fantasma del olvido ha acompañado esta fecha. Año tras año, se lucha, se vitorea, se manifiesta la indignación por las atrocidades cometidas en detrimento de la juventud rebelde de la época.

La consigna de que “el 2 de octubre no se olvida” ha sido parte de una estrategia para aferrarse a la historia de un país donde las balas, antes que las palabras, deben arreglar situaciones de choque entre grupos antagónicos pero en una misma vertiente: ser enemigos en tierra amiga.

El pasado domingo fue un día olvidado, despechado, alejado  de las parafernalias contestatarias. La fecha de la consigna mortuoria pasó completamente desapercibida. Al parecer, y no es motivo de sorna y si de preocupación: “el 2 de octubre se olvidó”. La postura radical de quienes conservan en la memoria esta fecha, al parecer, han fenecido, han tenido “otras” cosas por hacer: quizá regar la plantas de sus casas, salir a desayunar en familia, ver la televisión hasta el hartazgo, leer los periódicos que, sin noticia alguna del 68, se distribuyen en calles, banquetas y establecimientos. Basta dar un repaso a las columnas de periodistas, comunicadores y especialistas de las más prestigiosas casa editoriales y medios de comunicación: “el 2 de octubre fue un fantasma”.

La noticia más cercana a la Noche de Tlatelolco fue la muerte del  escritor, periodista y divulgador de la ciencia mexicano Luis González de Alba en el estado de Jalisco. La memoria viviente de uno de los próceres del movimiento estudiantil del 68 perdió la vida el día que dio la vida.

No es mera especulación de que el “2 de octubre se olvidó”. Hurgue un poco en la memoria televisada del movimiento estudiantil (disponible en internet, en distintas plataformas y desde distintas trincheras) y se dará cuenta que es poco el material (nuevo) sobre el suceso histórico. Se repite la maraña del genocidio y sus actores y pareciera más una pequeña “refrescada” que una alusión directa de las aberraciones de las cúpulas del poder. No se conserva la memoria lozana de la muerte como un detonante de la interrogación.

Hoy me animaría a decir que la difusión estructural del movimiento estudiantil de 1968 es materia muerta: no hay nuevos jóvenes indignados, no hay nuevos especialistas en la materia, no hay indignación para la fecha, no hay educación para revivir las muerte de miles de estudiantes. Es un acercamiento a la reciente figura del “me vale madre, mientras no me pase a mí”. Esta es la consigna de la modernidad.

Twitter @EliudVelazquez
FacebookEliud Velázquez Barba
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