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Los Tunfiates de las Sucesiones (7)
23, Julio 2015
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La tercera semana de febrero de 1998, al final de un evento de la CTM, fue el propio Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, quien dijo al Senador Juan S. Millán : "Juan , gusto en saludarte e informarte que Sinaloa se va a consulta abierta".  


Impactado y sorprendido, Millán, le advirtió : - “Habrá problemas, Labastida (Secretario de Gobernación) se meterá con todo”.
 
-“No lo permitiré, además tú estás muy bien posicionado, no te preocupes. Liébano (Sáenz, poderoso secretario particular del Presidente) te buscará para vernos en mi oficina en Los Pinos”, se despidió Zedillo.
 
Sólo Millán sabe qué tantas cosas pasaron por su mente, habida cuenta de su cantada rivalidad y diferencias infinitas con Labastida, amén de que también el Presidente Zedillo no coincidía con el discurso progresista y autocrítico del cetemista y exsecretario general del CEN priísta.
 
Tres sexenios antes, Don Emilio M. González, exgobernador de Nayarit y cercano a Don Fidel Velázquez , aconsejó al rosarense : “Usted algún día será gobernador de Sinaloa.. Espere sus tiempos..falta aún..ya verá”.
 
La sucesión del 98, era el tiempo del que habló Don Emilio. Era ahora o nunca, para Millán. Muerto Don Fidel, hubo quienes calcularon que Juan jamás lograría su meta y sueño: la gubernatura. Se equivocaron. El cetemista había realizado casi durante 20 años, un excelente trabajo en el tejido general de Sinaloa. 

Días después de aquel saludo, Zedillo recibió en Los Pinos al Senador y le reiteró que el PRI haría consulta abierta para seleccionar candidato a gobernador. Misma respuesta de Millán (Labastida se meterá) y el Presidente garantizándole piso parejo y señalándole que en la encuesta de Ulises Beltrán (encuestólogo de Los Pinos) , seguía excelentemente posicionado.
 
El 7 de abril, martes, tercer día de Semana Santa 98, en Sinaloa, corrió como reguero de pólvora que el ingeniero Lauro Díaz Castro renunciaba al doble puesto que desempeñaba, como delegado de la SARH y secretario de Desarrollo Agropecuario del gobernador Renato Vega Alvarado, para buscar la candidatura del PRI al Gobierno del Estado.
 
Con la adrenalina política elevada al cubo, la élite priísta se fue a los días santos de la semana, con Lauro como tema principal, ya que Millán guardó estratégico silencio.
 
Pasada Semana Santa, lunes 13 de abril, el también líder de la CTM en Sinaloa, anunció que también participaría en la consulta abierta del PRI y el termómetro político estalló. Dos gallos de pelea y líderes naturales, disputarían la candidatura: Lauro Díaz Castro y Juan S. Millán. 
 
Primero se registró Lauro, espectacular el contingente que lo acompañó al PRI estatal. Miles de gentes, música de tambora, algarabía total. Impactante. Al viejo estilo de la cargada tricolor. Camiones usados de todos los municipios de Sinaloa, fueron estacionados cerca del edificio priísta.
 
Enterado de lo anterior, Millán, hizo lo contrario el día de su registro. No llevó grandes contingentes ni movió camión alguno. Se trataba del contraste entre Lauro y él. Judo político.
 
La campaña oficial de la convocatoria fue del 1 al 24 de mayo, día de la consulta. Lauro arrancó con todo el apoyo de su amigo y padrino político, Labastida, secretario de Gobernación. Recursos económicos a raudales. 

Al tercer día, Millán, no aguantó y denunció que la consulta traía dados cargados y acusó directamente a Labastida. Exigía taste parejo. En el ínter, el rosarense solicitó al gobernador Vega Alvarado, fuera imparcial. 
 
Al día siguiente, Labastida , muy molesto y en tono fuerte, llamó a Millán, le reclamó y le ordenó fuera a verlo al Distrito Federal.

Millán le dijo que no podía y que no podía perder ningún día, ya que la campaña era muy breve, 24 días. Lo siento, acotó.

El secretario de Gobernación cambió tono de voz, le dijo que era muy conveniente verse y que si tenía pruebas de la acusación de dados cargados, las presentara. Millán, le aseguró: “Sí las tengo”. 

Labastida le pidió nombres, y obviamente Millán no se los proporcionó. Por ningún motivo. Finalmente, acordaron verse el 5 de mayo, a las 6:00 de la tarde en Bucareli.

FLO, adrede llegó tarde y por fin estaban frente a frente los dos connotados políticos sinaloenses. El tono de reclamo de Labastida subió bastante de tono. Amenazó a Millán, que él podía hacerle daño políticamente.
 
Fue entonces que Millán, le contestó: “No tengo duda de la fuerza del secretario de Gobernación, ni dudo lo que me dices, pero, te recuerdo que no soy el Juan Millán del 89, soy Senador de la República, tengo voz y tribuna nacional, y desde ahí, te puedo hacer mucho daño en tu aspiración presidencial, de modo que tú escoge, un Senador en contra o un gobernador de tu estado, aliado en tu aspiración”.

El tenso encuentro culminó cuando Labastida le pidió a Millán informara a los sinaloenses de ese encuentro y que el Secretario de Gobernación no apoyaba a nadie en Sinaloa. 

Seguramente desde Los Pinos, Zedillo se percataba que la sucesión en Sinaloa podría empeorar las aspiraciones del, desde entonces, el candidato natural del PRI de cara a la sucesión del 2000: Labastida. Ya no tenía tiempo Zedillo, de fortalecer otro personaje. Y era tiempo de enfriar las cosas en Sinaloa, toda vez que Millán no se dejaba y expuso los dados cargados desde Bucareli... Y Los Pinos.

Un día después de su cita con Labastida, el rosarense citó a conferencia de prensa y comentó su charla con el titular de Gobernación, y el mensaje tácito de que él no apoyaba a Lauro.

Al concluir el evento, planta baja del Hotel San Luis, en Culiacán, Millán se acercó a un servidor y preguntó –“¿Cómo la ves?”. - Sinceramente, creo que lo chamaquearon, eso de que Labastida no se meterá, tiene la misma credibilidad que las bodas en una kermés-, aseveré.

-“Coincido contigo, Pancho, pero no tengo de otra y seguir el juego, en 24 horas sabré si Labastida cumple su palabra, de no ser así, procederé en otro tono”, afirmó Millán. 

Labastida cumplió, sacó las manos, el taste quedó parejo y Millán ganó la histórica consulta abierta y la campaña constitucional fue más tranquila, derrotando al por segunda ocasión abanderado panista Emilio Goicoechea Luna, y a Rubén Rocha Moya, postulado por varios partidos de izquierda.

Eso sí, Millán, durante la consulta, jamás se confió y al menos en una ocasión se reunió en el restaurante del Hotel Santa Anita, en Mochis, con Ricardo Monreal Ávila, que se había rebelado al PRI en Zacatecas y estaba a unos días -junio del 98- de ganar la gubernatura de su estado, la izquierda estaba lista para cobijar al sinaloense si lo hubieran atropellado en Sinaloa. No hubo necesidad. 

Al paso del tiempo, Millán sigue reconociendo la calidad política y personal de Lauro Díaz Castro, con quien, a pesar de todo, llevó una excelente relación, no así con Labastida...hasta la fecha...y hasta la muerte.. Hay que morir con dignidad, suele decir Juan S. Millán.... ¡Corte... Y lástima que Cauti Lauti!
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