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Acerca del éxito y la felicidad
27, Octubre 2014
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El pueblo de Macondo, la lluvia de mariposas amarillas y la prolífica familia Buendía, no habrían existido si el joven Gabriel García Márquez hubiera cedido ante el reclamo irónico de su madre que le reprochaba en público haber dejado la universidad para dedicarse a algo que según ella no le garantizaba el éxito en la vida: «Es que quiere ser escritor».

Esta escena que Gabo narró en «Vivir para contarla» es un ejemplo de lo que puede ocurrir, o más bien, de lo que puede dejar de pasar, si en un momento decisivo no nos atrevemos a ser diferentes, a romper moldes dictados por las costumbres o por la familia, y a luchar por nuestra realización personal haciendo lo que nos gusta, aun cuando ello aparentemente nos separe de ese concepto abstracto que todos llaman éxito.

Recordé este episodio al leer en esta semana el libro «El búho que no podía ulular», de Robert Fisher y Beth Kelly (Ediciones Obelisco, 1999), que mi padre puso en mis manos, anticipándome que si bien se trataba de un libro infantil, con dibujos de animalitos, encerrada valiosas reflexiones que aplican más para los adultos, que para los niños.

Es un libro de cuatro cuentos contados a manera de fábula, donde los animales pueden hablar con las personas, y en cuyas historias se llega a un común denominador, que es la realización plena del individuo, aceptándonos con nuestras virtudes y defectos, y sobre todo poniendo por delante el amor a la vida y a los demás, para poder ser felices.

En el primero de los cuentos, que es el que da nombre al libro, se aborda un conflicto que suele ser muy común hoy en día, y más aún con el uso de las redes sociales, que es la necesidad del sentido de pertenencia a un grupo, en el que se asocia la felicidad personal con la aceptación recíproca que provoca el seguir las mismas costumbres de ese entorno social.

Como el título lo indica, un búho no podía ulular, o sea, no podía emitir el sonido característico de los búhos, por lo cual es expulsado del grupo y obligado a emigrar del bosque. En su camino se encuentra a un pato, que también es expulsado de su corral por no poder graznar como los patos. Son dos casos similares, de aparente infelicidad por el rechazo, pero que en el descubrimiento de su diversidad logran la felicidad al aceptarse tal como son.

Venciendo el miedo a ser diferentes, estos dos animalitos pueden tener una visión crítica acerca de la sociedad, donde la realización de los individuos se confunde con el valor difuso que se le da a la palabra éxito, lo cual lleva a la sociedad estadounidense –sus autores son de Estados Unidos, aunque Fisher murió en 2006-, a anteponer la obtención del dinero y los bienes a la felicidad misma.

En una visita nocturna a un museo de Estados Unidos, el búho y el pato platican con los fantasmas de los constitucionalistas, que así lamentan el destino del país.

«Thomas Jefferson se unió a ellos. “Y escribimos la Constitución para que el país creciese con ella y para que ayudase a las personas a cambiar y a realizarse en esta tierra maravillosa”.

«“Por desgracia, en la práctica esta idea se confundió, en su mayor parte, con conseguir el éxito”, puntualizó Jackson.

«“Sí”, dijo Paine. “El éxito pasó a ser la principal motivación… que es ganar dinero”».

Comentarios: Twitter @marcocesarojeda

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