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¡Gracias, maestra Techa!
13, Octubre 2014
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Imagine usted a la maestra de periodismo María Teresa Zazueta y Zazueta, con un rifle en sus brazos, la cabeza inclinada y cerrando uno de sus ojos para apuntar muy bien a través de la mirilla del fusil, jugando competencias de tiro al blanco con el también periodista Manuel Buendía, en una azotea de un edificio en el Distrito Federal.

Si le resulta difícil imaginarlo, mejor deje que la maestra Techa se lo cuente:

«Él aprendió a tirar en la policía y yo con mi padre, pues como era cazador nos enseñó a mis hermanos a mí a respirar y usar el rifle. La pistola no la quise usar porque siempre me dio miedo. Resulta que nos íbamos arriba del edificio y hacíamos entre nosotros campeonatos de tiro al blanco. En ese lugar vivía el señor que resguardaba el edificio con toda su familia y que tomaba mucho. Pues poníamos las botellas de cerveza que dejaba vacías y empezábamos a tirar con un rifle viejo.»

Ésta y muchas anécdotas más son las que contiene el libro «María Teresa Zazueta y Zazueta. Periodista que rompió esquemas», de la autora Clara Leticia Ontiveros Hernández, editado por el Ayuntamiento y La Crónica de Culiacán, y que fuera presentado el pasado 3 de octubre en el Casino de la Cultura, en el marco de los festejos por el 483 aniversario de la ciudad. 

Mujer singular que rompió los paradigmas de su época, María Teresa Zazueta se convirtió en 1951 en la primera reportera de primera plana de un periódico nacional, Novedades, cuando Elena Poniatowska aún escribía en la sección de Sociales del mismo diario.

Con altura de miras, la hija del también periodista Amado Zazueta Villa y nieta del revolucionario Amado Zazueta Aréchiga -quienes fundaron en Culiacán el periódico La Opinión en el mismo domicilio particular donde nació y creció María Teresa-, trascendió a la inmediatez del diarismo y entregó su vida a la formación de periodistas a través de su Escuela de Comunicación Social.

María Teresa Zazueta nació en 1930 entre el olor de tinta, de papel, y el ruido del linotipo que llenaban los espacios de su casa de la calle Ángel Flores. Partió en 1948 a la capital del país a estudiar periodismo en la hoy conocida Escuela Carlos Septién, de la que después sería maestra, tras su preparación profesional en España y Francia, y su trayectoria laboral en Novedades, El Universal, Excélsior, La Nación, semanarios y la empresa transnacional Colgate-Palmolive, donde ella era la creadora de las campañas publicitarias en todo el país.

Alternamente a su trabajo en la capital, regresó a Culiacán para fundar en 1964 la Escuela Libre de Técnicas de la Difusión (ELITED), que se transformaría en 1977 en la Escuela de Comunicación Social, con la licenciatura en Comunicación Social y sus especialidades en periodismo, publicidad y relaciones públicas, primera en el noroeste del país y con reconocimiento de la ANUIES (Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior).

Sin embargo, así como la UAS se vio amenazada en el gobierno de Antonio Toledo Corro con el plan de quitarle las escuelas preparatorias, la maestra Techa también se enfrentó al bravío «Tigre de Escuinapa» que le quería quitar la Escuela de Comunicación Social para incorporarla al proyecto de la naciente Universidad de Occidente en 1979. 

«Toledo quería que la Escuela de Comunicación Social fuera para la UdeO, yo le alegaba: -Fúndela, está en todo su derecho, pero ésta es particular.

«Luego una muchacha de México, era licenciada y trabajaba en Gobernación, me decía preocupada:

«-No seas bárbara, qué tal si te manda matar este gobernador.

«Tratando de asustarme, pero no me mortificaba.

«-¡No te preocupes, no me va a hacer nada! Todas las noches nos saludamos en la entrada del hotel (Executivo, donde vivía el gobernador) cuando salimos del café, es un pleito institucional, no personal.»

La Escuela de Comunicación Social sobrevivió a esta embestida y fue hasta 31 años después, en 2010, cuando cerró sus puertas, debido a las condiciones de salud y a la edad de la maestra, ya con 80 años. Pese a las ofertas de compradores, no vendió la escuela y decidió donar su biblioteca al Archivo General de Sinaloa, para que todo este acervo se mantuviera gratuitamente al servicio de estudiantes y público en general.

Ese altruismo, precisamente, es el que dio razón al apostolado con el que la maestra María Teresa Zazueta asumió su misión de formadora de generaciones de periodistas. Sus ex alumnos ahora se preguntan cómo podía funcionar la escuela, si a casi todos los becaba. Una de estas alumnas que no pagó nada durante toda su carrera fue mi hoy esposa Imelda Coronel.

Tras los años, mi esposa ha dejado el periodismo y sigue el ejemplo de la maestra María Teresa Zazueta con su labor como profesora de tiempo completo de la Universidad de Occidente en el área de Comunicación, y su preparación como doctora en Educación. Para la maestra Techa, ambos tenemos sólo una enorme gratitud por lo que sembró y los frutos que hoy saltan a la vista y que dan testimonio de su entrañable obra.

¡Muchas gracias, maestra, y que Dios le siga regresando todo lo que obsequió de corazón!

Comentarios: Twitter @marcocesarojeda

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